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A fondo: La historia de la Real Plaza de Toros de El Puerto de Santa María. Parte 1

Soy Jose Luis Galloso; torero y quiero presentar un video de la Plaza de Toros de El Puerto de Santa María.

La ciudad de El Puerto de Santa María cuenta con una importante tradición taurina.

El antecedente de las plazas de toros tiene su origen en las plazas públicas, que se cerraban para estos espectáculos.

En El Puerto, se celebraron corridas desde el siglo XVII en la plaza de la Iglesia, la del Polvorista y la de la Herrería o Galeras.

En los últimos años del siglo XVIII se construyó la primera plaza en el Ejido de San Francisco, alejada de la ciudad y cercana al convento de este nombre. En el mismo lugar le sucedieron cinco más, todas fijas y de madera, estas primeras plazas se fueron destruyendo en muchas ocasiones por incendios, la última de ellas ardió en 1877.

Pero la fiesta de los toros había adquirido en El Puerto una gran importancia. 

El día de toros, auténtico día de fiestas acudían aficionados de toda la comarca, la ciudad organizaba veladas especiales para amenizar la víspera. Trenes y vapores ampliaban sus viajes para el transporte de los aficionados que venían de ciudades cercanas, la fiesta de los toros en El Puerto influía en la economía de la ciudad e incluso se le relacionaba con un incipiente turismo. Todo ello y la afición de los portuenses, hacían necesario la construcción de una nueva plaza.

En el mismo año de 1877 se constituyó la compañía constructora de la nueva Plaza de Toros de El Puerto, la integraban personalidades locales y estaba presidida por Tomás Osborne Bohl de Faber, conocido bodeguero. El objetivo era ambicioso, la construcción de una plaza de toros monumental en el mismo lugar donde estuvieron las anteriores. A pesar de unos primeros inconvenientes el proyecto contó enseguida con la ayuda municipal que participó con la compra de acciones.

La nueva plaza contaría con un aforo de más de 12.000 localidades, se pretendía un gran coso que cubriera la demanda que exigía una ciudad taurina como El Puerto.

Después de algunas vicisitudes se eligió el proyecto que reunía todas las condiciones exigidas, el encargado de la elección fue el ingeniero Ángel Mayo, este proyecto fue el de los ingenieros, Mariano Cardedera y Manuel Pardo, la dirección técnica fue encargada al arquitecto Manuel de Ávila y Herrera, la Plaza de Toros de El Puerto iba a convertirse en una de las más bellas de España, el nuevo edificio era espectacular como los que empezaban a verse en las grandes ciudades españolas, pues por estas fechas se estaba iniciando un nuevo tipo arquitectónico de carácter monumental cuyo modelo era la antigua Plaza de Toros de Madrid. 

El proyecto de la plaza de El Puerto fue aprobado elogiosamente por el académico y arquitecto provincial Juan de La Vega.

Como se había previsto la plaza de toros de el puerto se finalizó el 31 de mayo de 1880 y fue inaugurada los días 5 y 6 de junio de ese año.

En el edificio, la imagen exterior contrasta fuertemente con la interior. 

El diámetro exterior es de 99,80 m, está formado por un polígono exento de 60 lados, cada uno de ellos consta de un cuerpo bajo con un gran arco de medio punto enmarcado por pilastras y dos cuerpos superiores con tres arcos de medio punto cada uno, los del piso superior son de menor altura. La puerta principal o puerta grande se articula a modo de pabellón saliente como un arco de triunfo, este mide 5,15 m de resalte por 15 m de altura. 

Toda la fachada está construida en ladrillo prensado en limpio, excepto la base, un zócalo de 1,20 m de piedra palomera como el marco de las cuatro puertas principales. Los arcos de ladrillo y sus resaltes aportan a todo el conjunto un aire clásico y equilibrado. Todavía en el exterior la decoración se completa con azulejos en colores blanco, amarillo y azul con motivos de grecas de origen clásico, toros, caballos, torres, estrellas y flores de lis.

El empleo de la cerámica resta presencia visual al ladrillo y aporta gracia al edificio, este contraste consigue un edificio sencillo y armónico dentro de su monumentalidad, al mismo tiempo, la alternancia de los materiales hace del mismo un antecedente del regionalismo, que se impondría años más tarde en estas mismas construcciones. Pero esta plaza de toros de El Puerto se enmarca en el eclecticismo, caracterizado por la combinación de estilos y materiales aunque dentro del requerido concepto clásico. 

La plaza tiene 15 puertas de las que destacan la principal y 4 generales de entrada. Al exterior se abren 11 bodegas de 140 m cuadrados independientes del interior, que actualmente albergan diferentes usos, una de ellas comunicada por el interior son las cuadras. En el interior destaca el enorme ruedo de 60 m de diámetro, tras el callejón de barrera de 2 m de anchura se asoman a él 16 filas de tendidos realizadas con piedra palomera de la zona y mampostería, sobre los tendidos se levantan dos pisos altos de 3,80 m con sus correspondientes barandillas que aportan altura y elegancia al conjunto, todo el interior de la plaza destaca por su amplitud y ligereza visual, a pesar de su aforo de casi 13.000 plazas.

Para conseguir esta liviandad y una visibilidad óptima, se recurrió al empleo del hierro, el material más fuerte, duradero y moderno del momento, habitual en los nuevos edificios públicos de la época, el hierro para las 122 columnas se importó de Bélgica, las columnas están actualmente decoradas con motivos de flores y roleos, en toda la fachada interior, destaca el pabellón sobresaliente de los palcos regio y presidencial, que al exterior se corresponden con la puerta principal.

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