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Lo que la pandemia esconde

La pandemia es el tema central de todas las conversaciones, los medios de comunicación, del día a día en el mundo y está muy presente en nuestro pensamiento, porque afecta al trabajo, al movimiento, a la economía, a la educación y a otras parcelas de la vida de las que todos nos preocupamos. Pero también hay ámbitos diversos que pasan más desapercibidos, incluso se han olvidado o relegado al último lugar de nuestro listado de pensamientos.

Nos bombardean los medios diariamente, casi a cada minuto, con noticias, datos y números. Cifras vacías que no reflejan la más mínima realidad de lo que se está viviendo en los hogares. Se muestran números, pero no se habla de personas; no se le pone cara a cada uno de esos números, ni se les pone cara a las familias que hay detrás de ellos. No reflejan el sufrimiento que están padeciendo las familias. Nos hemos acostumbrado tan rápidamente a oír hablar de fallecidos, contagiados y pacientes en ucis y hospitales que no prestamos atención, y deshumanizamos el tema. “Ese es un problema de otros”… “A mí no me ha tocado, no me preocupo”.

¡Cuánta frialdad se muestra en el tratamiento de esta pandemia!

Nos ponemos nuestra capa mágica y todo nos resbala…

La solidaridad y el homenaje diario de estos meses pasados se ha cambiado por la indiferencia, el pasotismo y el más vil de los desprecios por la vida del otro que están mostrando muchos descerebrados, que no siguen las normas ni se ponen en la piel de quien sufre por todas estas circunstancias, que tristemente nos acompañan desde hace ya meses.

Pero esto no es algo nuevo en nuestra sociedad y me ha hecho pensar, una vez más, lo insensibles que somos ante grandes problemas que afectan a toda la sociedad y especialmente a los más vulnerables o desfavorecidos de ella. Cómo ante situaciones brutales, hay todavía quien se muestra impasible y mira hacia otro lado.

La pandemia está ocultando tras la mascarilla realidades que la sociedad parece haber dejado de ver, o que mira de soslayo.

Hemos pasado de convivir diariamente con noticias que describían, cruelmente y sin respeto, las atrocidades que habían padecido las víctimas de violencia de género hasta su muerte, a no saber nada, a pasar de puntillas y contar brevemente o tan solo hacer una reseña de los casos que siguen ocurriendo.

Para la sociedad, es un problema que ahora no interesa sacar a la luz, por lo que se pone el foco en otros temas que distraen y difuminan la verdadera realidad.

Las mujeres víctimas siguen sufriendo, y ahora más aún, la violencia machista, pues con el confinamiento o las restricciones en los desplazamientos, se están viendo incrementadas las agresiones, quizás no tanto las físicas como lo están haciendo las psicológicas, pues son muchas las horas de sometimiento y presión las que pasa cada víctima con su maltratador en su casa. Aunque no es solo la víctima directa de ese tipo de violencia, sino también los hijos y otros miembros de la familia, los que pueden ser a su vez otras víctimas y/o testigos de lo que se está produciendo en esos hogares.

Desgraciadamente, todavía hoy, hay quien niega la violencia machista, pero las cifras son dramáticas, y esas cifras parece que en estos momentos no interesan a nadie. La sociedad en su conjunto, tenemos la obligación moral de tomar conciencia que la violencia contra las mujeres es un problema estructural, algo a lo que debemos poner freno, mirar de frente, sin miedos y plantarle cara. La sociedad tiene la obligación de hacer una apuesta seria por la erradicación total de esta terrible lacra social. Pero que esa apuesta no se quede en simple palabrería, fotos o un banal postureo de algunos, sino que sean acciones contundentes en educación y concienciación, que permitan cambiar las ideas machistas que se han transmitido a lo largo de la historia, y lograr la igualdad real en cualquiera de los ámbitos de la sociedad.

No se puede olvidar la dura realidad que viven las mujeres víctimas del maltrato machista, ni enmascararla detrás de otras calamidades. La pandemia está de actualidad, pero la violencia machista no ha dejado de estarlo.

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